Trueno Negro: Ella lo humilló por ser un simple mozo... hasta que él aceptó el reto que ningún hombre había sobrevivido
El día que un peón se atrevió a soñar con la mujer que no debía Elías tenía las botas rotas, las manos ásperas y el alma llena de sueños. Todos los días, antes del amanecer, ya estaba en las caballerizas del rancho "El Alazán" limpiando los corrales que otros ensuciaban. No era un trabajo digno para muchos. Para él, era el primer escalón hacia algo más grande: algún día tener su propio criadero, sus propias tierras, su propio apellido en el pueblo. Nunca se avergonzó del olor a paja y estiércol. Su padre, antes de morir, le había dicho una frase que Elías repetía cada mañana como si fuera oración: "Hijo, el hombre que no se avergüenza de trabajar honradamente, algún día se sienta a la mesa con los que se creen dueños del mundo." Elías creía en eso. Y por eso, esa mañana, cometió el error más grande de su vida: se atrevió a soñar con Jimena. La mujer que no debía mirar Jimena Salcedo era la hija única de Don Ramiro, el dueño del rancho más grande de la región...